Ex en apuros
Mi ex está en apuros. Tiene problemas. Problemas en el trabajo, problemas consigo mismo, problemas de ubicación en la vida, problemas de desconcierto y desánimo... Problemas. Siempre tengo noticias de él cuando hay problemas. Cuando la vida se le hace soportable, parece que quedo desplazada de su campo personal; no sé nada de sus risas, ni de sus proyectos más optimistas, ni de sus momentos claros. Se ve que en esos momentos no existo. Pero si aparecen las sombras, necesita mi palabra, mis abrazos...
No me gusta ese papel. No quiero ejercer la función de madre-refugio, muro de lamentaciones, lamedora de heridas. Es un papel que me pone en una situación difícil. Soy lo suficientemente sensible para que me duela su dolor, pero, al mismo tiempo, siento que esos ya no son mis asuntos, o no deben serlo. Al fin y al cabo, yo llevo meses lidiando con mis problemas; el malestar vital, sentido en soledad, es un peaje más en esta decisión que hemos tomado.
Pero ¿cómo no implicarme si ha formado parte de mí? ¿cómo darle la mano sin que el contacto nos confunda? ¿cómo se camina en esta cuerda floja tan delicada? Hoy me resultó difícil no dejarme arrastrar por la química. Los rescoldos están ahí, vaya si están. Están el olor, manos impacientes, labios húmedos. Un par de abrazos, besos que queman, y un escalofrío recorriéndome la espalda.
Cuando se fue, me quedé cabizbaja, observando como los nudos de siempre iban tomando posiciones dentro de mí. En la calle atardecía, y yo, sola otra vez, me eché a correr por el parque huyendo de mis fantasmas.

siete dijo
lee mi blog.
4 Junio 2006 | 07:55 PM