Y la soledad
De momento, aún soy incapaz de encontrarle ventajas a esto de la separación. Los fines de semana se me hacen cuesta arriba y llego al lunes encogida, melancólica, aturdida; zarandeada por la soledad.
Me encanta la primavera. Disfruto como una niña sintiendo estos días amplios, claros, verdes y azules, observando cómo la gente se despereza del invierno, se coloca la sonrisa y se lanza a la calle a reconciliarse con la naturaleza.
Este año no puedo compartir la primavera. Me sorprende cuánto echo de menos la mirada compartida, compartir anécdotas, paseos, compartir la risa, ir de la mano de un compañero de viaje. ¡Y pensar que he tenido fama de independiente, de autosuficiente!
Este fin de semana lloré de soledad. Hasta escribirlo me apena. Mientras los amigos de siempre tienen sus parejas, sus propias familias, sus niños y sus vidas estructuradas, ahí estoy yo, con el norte perdido, deseando intimidad y cercanía, imaginando cuánto afecto podría entregar y cuánto quisiera recibir.
La calle estaba bulliciosa el sábado. Fue uno de esos sábados luminosos de parejas con niños, niños con balones y merienda, abuelos complacientes, adolescentes en moto. Vi personas haciendo eso que yo quisiera estar haciendo: deslizarse plácidamente por la calle, sintiendo el calor de los otros, arrullando al bebé, comprando un helado para dos. Vi pocas personas solas... y pensé qué difícil era conseguir lo más sencillo.
En un intento por reencontrarme y reinventarme después de años en pareja, me paseé por los lugares que frecuentaba en mi vida previa. Me pareció que volvía a un pasado remoto; paseé por mis parques de estudiante, mis tiendas de estudiante. La atmósfera era la misma, pero había cambiado yo.
Acabé comprando sábanas, tazas y manteles para recibir en casa, el próximo fin de semana, a viejos amigos (con niño) que vendrán a visitarme. Fue un placer hacerlo, sentir que estaba preparando lo mejor para mis amigos, que los cuidaría como reyes, que los abrazaría hasta hacerlos crujir. Comprar manteles era un acto de amor.
También pensé seriamente en salir de esta situación. Esta vida de soltera no es una buena vida. La verdad es que nadie me enseñó a salir de la soledad, y tengo que empezar a pensar en alguna estrategia. Se admiten sugerencias.

rossy dijo
hola...k te puedo decir, k tocaste muy dentro de mi....k en este preciso instante me siento de igual manera k tu, k tengo tantas ganas de llorar, y k solo contengo las lagrimas por k no puedo hacerlo en el trabajo, pero que las tengo todas atoradas y apretadas unas contra las otras, y solo kieren salir....de verdad niña, me encanto lo k escribiste, gracias, por escribirlo...de verdad.
24 Abril 2006 | 08:17 PM