Las llaves de mi casa
Hace unos días me llamó. Era tarde y me sorprendió oírlo. Ni siquiera recuerdo cuál era el motivo oficial de la llamada, pero en el curso de la conversación le pedí, amablemente, las llaves de casa. Un segundo de silencio tenso, otro de titubeo y finalmente, un pacífico "claro que sí". Me las entregaría la semana que viene.
Debo reconocer que en ningún momento ha utilizado las llaves de un modo invasivo o molesto. De hecho, en los últimos meses ni las ha utilizado. Pero para mí es un acto simbólico. Necesito sentir que sólo yo tengo la llave de mi mundo, que puedo cerrar la puerta cuando yo quiero, que él no podrá decidir, por su propia cuenta, cuándo entrar y salir de mi vida. Yo seré la única ama de mis llaves.
Ayer me volvió a llamar. Yo estaba en en trabajo y él necesitaba ir a casa a ver un vídeo... Vaya casualidad. Justamente ahora que debe entregar la llave, le surge la necesidad de usarla. Por supuesto, le dije que sí, y allí estuvo.
Esta mañana, en pleno horario laboral, el móvil suena. Un ataque de ansiedad (el primero en su vida)le había llevado a urgencias; no había podido ir a trabajar. Vendría a comer conmigo y me lo contaría. Confesaré que la punzada del apego me aguijoneó de nuevo. Por unos minutos soñé con un volver y un "me he dado cuenta" y un "quiero estar contigo, en nuestra casa, como siempre". Claro que es una estupidez, pero, cómo decirlo, estas ensoñaciones son instintivas e irracionales, automáticas, arrolladoras.
Mi ex no quería volver, sólo necesitaba un paño de lágrimas. Camino al restaurante, me fue hablando de sus angustias inexplicables (!), y también de sus proyectos. Cambiarse de ciudad, un viaje largo con un nuevo amigo... Nada en lo que yo pudiera participar. Los ojos se me humedecieron, pero él no lo notó.
Aguanté el tipo durante la comida. En algunos momentos me sentí triste, en otros hasta nos reímos. Por momentos me pareció un hombre vencido, torpe, incapaz de comprender su vida. Incapaz de comprender que los zigzag estaban desbordándolo, también a él. Las llaves de mi casa le habían jugando una mala pasada.

Rojas dijo
Creo que debes mantenerte en tu lugar y, desde luego, no soñar con regresos...
Ahora te toca a ti vivir. Debes seguir con esa decisión de que te entregue las llaves de tu casa y que no sea él el que, con sus miedos e inseguridad, decida cuándo entra o cuándo sale. No quiero sentir tu tristeza ni que tus ojos se humedezcan de tristeza, pues creo que sólo tienes que pensar en todo lo que el mundo te está preparando. Estoy convencido de que pronto te sentirás querida y amada por alguien que merezca la pena. Creo que es mejor que no te incluya en ese viaje o esas inestables medidas que parece que tu ex quiere poner en marcha. Tú, debes centrarte en tu trabajo y tu casa... el futuro es tuyo y piensa que tras esta separación se abren nuevas oportunidades, es decir, una nueva vida de la que disfrutar. Allí experimentarás nuevos sentimientos, nuevos sudores de amor, nuevas pasiones... Abrazos, caricias, besos... Piensa de todas las cosas que te esperan.
24 Abril 2006 | 03:13 PM